Hubert Matiúwàa

Hubert Matiúwàa (1986) pertenece a la nación Mè’phàà. Es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Guerrero y en Escritura Creativa por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. También es maestro en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. En 2016 fue galardonado con el primer Premio Cenzontle en Lenguas Indígenas, y en 2017 recibió el V Premio de Literaturas Indígenas de América (PLIA) así como el Premio Estatal de Poetas Jóvenes del Estado de Guerrero. Es autor de Xtámbaa: Piel de Tierra (Pluralia Ediciones/Secretaría de Cultura, 2016), Tsína rí nàyaxà’: Cicatriz que te mira (Pluralia Ediciones/Secretaría de Cultura de la CDMX, 2017), Ìjín gò’ò Tsítsídiín: Las Sombrereras de Tsítsídiín (INALI/Secretaría de Cultura 2, 018), y Mañuwìín: Cordel Torcido (Universidad de Guadalajara/Departamento de Estudios en Lenguas Indígenas, 2018), entre otros.

El tiempo de la gente agua y la gente guía

El agua

           Cuando te pierdes en una montaña, ella te enseña una de sus lecciones fundamentales, la necesidad del agua para el cuidado de la vida.

El tiempo de la gente agua y la gente guía

           Cada nombre tiene su historia, en la cultura mè’phàà hay dos nombres para las masculinidades, derivadas del origen del tiempo: xàbìya/hombre (singular), compuesta por las palabras xàbò/gente e iya/agua, y xàbèkha/hombre (plural), compuesta por las palabras xàbò/gente, èkhà/guía-camino, que a su vez vienen de àkhà’/sol. La traducción literal para xàbìya es gente agua y para xàbèkha es gente guía, los hijos del sol y los hijos de la luna.(1) Actualmente, distinguimos su uso de acuerdo a la acción y al espacio en que son nombradas.
En la siguiente historia de origen se explica el porqué de estos nombres:

Xó nìgùmà mbi’i / Cómo nació el agua

“Cuando apenas estaba amaneciendo el mundo, no era sangre lo que corría en nuestras venas, Àkha’ (sol) y Gùn’ (luna) vagaban componiendo todo a su paso. Llegaron a un pueblo donde no había agua, se quedaron en la casa de una señora. Àkha’ (sol) le dijo a Gùn’ (luna): –No les digas el secreto del agua, nada más que tu corazón sepa. Si les dices nos van a meter a la cárcel para que les muestres. 

Gùn’ dijo: –Aquí hay mujeres muy bonitas, he pensado que ya estoy en edad de casarme, quiero tener a mis hijos. Si les muestro el agua, les pediré cuatro mujeres. A escondidas se fue a un cerro a sacar el agua.

Al poco rato llegó con agua limpia, una persona lo vio pasar y avisó que alguien encontró agua, llegó toda la gente donde estaba Gùn’, lo metieron a la cárcel para que les dijera dónde encontró agua.

Gùn’ dijo: 

—Les enseñaré cómo sacar el agua, pero no me encierren, sólo denme cuatro mujeres para que tenga mis hijos, cuando yo no esté, ellos cuidarán y sacarán el agua para el pueblo. Los hombres no le creyeron, pensaron que los estaba engañando, fueron a traer un mecate para colgarlo de un árbol, ya lo querían matar por chismoso. Pero algunas mujeres dijeron, Hay que darle una oportunidad al muchacho, nosotras estamos dispuestas a casarnos con él si nos enseña el secreto del agua.

Quedaron de acuerdo y Gùn’ mandó a la gente a buscar ìxe skwìya xna’dí, ixe xtúaya’, enterró esas varas en la tierra y habló el idioma agua, advirtió que llegaría con mucha fuerza, los hombres no le creyeron, se rieron de él, le faltaba poco para terminar cuando explotó el agua entre las piedras, llegó hasta cerca del cielo, se llevó las casas y a todos los hombres que no entendieron la advertencia.

Así Gùn’ sacó el agua en toda la montaña, juntó a los pueblos cerca de los principales ríos y manantiales, por eso hay agua para tomar y existen los ríos que conocemos.

La luna tuvo a sus hijos y esos hijos somos nosotros los xàbìya, la nueva gente, es la razón por la que nacemos conforme la medida de nueve lunas, él nos dio de beber la primera agua que nos dio nombre.”(2)

           Nosotros somos los hijos que tuvo la luna. Antes de que naciéramos, había sequías, la luna nos dio vida para cuidar el agua.

          En lo cotidiano, la palabra xàbìya se usa si en una acción se demuestra fuerza y valor, si se asume ser guardián generacional de la identidad, o si en un conflicto se defiende la dignidad de la familia, el nombre y la cultura, constantemente se escucha decir:

          —Atiàwàán xuàjñààn xí xàbiya ñajwààn’/ Cuida tu pueblo si eres hombre.

           Los abuelos dicen que el agua es fuerza, cuando la enfermedad del miedo nos afecta, nos curan con el ritual Mandiyia’ / Soplido del agua, el agua trae el aliento a nuestro cuerpo y nos recuerda nuestra historia de origen.

           En la actualidad, en los lugares donde los ríos se secan se llevan ofrendas, se entierra agua de mar para que brote como manantial. El agua no se debe jugar, tiene las serpientes que la cuidan, el agua es nuestro espejo / iya niwan, es sangre por la que nos hacemos xàbìya, es la razón por la que comenzó nuestro nombre.

           En los ojos de agua vive la deidad Xtóaya’ / Piel de agua, su piel es de distintos colores, violeta, azul, verde, blanco, rojo, amarillo, como el arcoíris, simbolizada en la piel de la serpiente, a Xtóaya’ se le pide por las lluvias, que no sean malas, que no haya desbordamiento de las barrancas, que no se deslaven los cerros, que crezcan fuertes las milpas. Ante ella también se hacen las ceremonias Xtámbaa / Piel de tierra y Dxawòò Túngaa / Cambio de comisario, se lava el bastón de mando y ella renueva el gobierno del pueblo, con sus poderes de agua calma los arrebatos, Xtóya’ da sabiduría.

          El tiempo de los xàbìya / hombres agua corresponde al conocimiento y al cuidado del agua, resulta indispensable que se defienda ante el extractivismo de las empresas, que ven en ella un recurso de retribución monetaria. El agua es y seguirá siendo una deidad que dio buena vida a nuestros ancestros.

          Siendo el agua tan importante para nuestra cultura ¿por qué actualmente hay contaminación desmedida de los ríos en las comunidades? Se contaminan con los drenajes, los herbicidas y la basura. El río se ha vuelto un lugar para desechar cosas, hay abandono del cuidado del agua. La depredación en las comunidades es el reflejo de la depredación cultural de la globalización, al perderse las ritualidades se pierde la vinculación con el territorio y al perderse el idioma se olvida la manera de nombrar los lugares sagrados.

           Pensar desde la memoria oral, nos sitúa en el problema que nos afecta de manera cotidiana, poner en la mesa los contrastes para buscar una solución a partir del / cómo, de las experiencias, retomar elementos que nos sirvan para cuidar nuestro territorio, pensarnos desde el principio ético de ser piel de agua.

          Lo que usó Gùn’ / luna para sacar el agua fue xkuíya / planta, que tiene su raíz en la palabra o xkuun / semilla o xùkú / animal, la traducción de planta es: semilla de agua o animal agua, significa que al cuidar los bosques implica cuidar el agua que les da vida.

           ¿Qué es lo que perdimos y qué perderemos si continuamos sin atender el problema del medio ambiente desde el nosotros? Entendiendo las relaciones: cuerpo-bosque, cuerpo-agua, cuerpo-tierra, cuerpo-aire, comprenderemos el vínculo estrecho entre la naturaleza y el cuidado de nuestra vida. Todas las culturas se caracterizan por tener deidades relacionadas con el lugar donde viven y a partir de estas deidades configuran su numbaa / tierra mundo.

           Ahora bien, respecto al origen de la palabra xabèkha / hombre (plural), la historia es la siguiente:

Después de enseñar el agua, el sol y la luna, siguieron su camino: “(…) Hasta un pueblo donde llegaba la gente de todas partes, a levantar la lumbre para que se fuera al cielo, porque había oscuridad y nada tenía medida, pero nadie podía. Los muchachos pidieron intentar levantar la lumbre, los miraron flacos y sin fuerza, nadie les creyó, sólo un señor les dijo:

—Yo les creo, quédense en mi casa y cuando se distraigan los demás, ustedes levantan la lumbre.

Estuvieron varios días, Àkhà’ se casó y tuvo hijos. Un día el señor hizo una seña y Àkhà’, corrió, abrazó a la lumbre y se fue al cielo. Su hermanito Gùn’, al ver su hermano irse, corrió y levantó lo que quedaba del fuego con todo y ceniza, siguió a su hermano. La gente se dijo:

—¿Regresarán? Aquí estaban nuestros dioses y nos les hicimos caso.

Lamentaron su error. El señor que dio hospedaje a los muchachos señaló donde iban a regresar, él era el sabio llamado Mbaxtá / Gallo”.(3)

          El sol y la luna fueron los que subieron el fuego del tiempo en el cielo, por eso el sol es el ojo del día y la luna es el ojo de la noche. Al levantarse el fuego de la tierra, comenzó la medida de los días y el comienzo de nuestro nombre como humanidad: el sol fue quien mostró el camino, por eso es el guía. Hoy, a las personas que aprenden nuevos oficios para el beneficio de la comunidad, se les llama xàbò ikha / personas guía, lo mismo para las personas que son guías en los caminos desconocidos. Como lo menciona el lingüista Carrasco (2012), del nombre de Àkhà’ viene la raíz de la palabra xàbekha, que significa hombres, palabra que a su vez proviene de xàbò ikha / personas guía. De igual forma, Àkhà’ comparte raíz con la palabra xàbekha. (p. 54).

           Se escucha decir:

          —Nìwa’nú xàbèkhà muñàwàán mbaa / Llegaron hombres a cuidar la tierra. —Xàbeka nìriyá’ jambàa / Los hombres hicieron el camino.

          Se es xàbekha si se asume el compromiso de abrir y compartir el camino del conocimiento para las nuevas generaciones, las personas lumbre lo son cuando comparten su fuego con todos.

           En cada uno de nosotros está presente el origen de nuestra cultura, somos gente guía cuando enseñamos a las nuevas generaciones el saber de nuestro pueblo, cuando nos hacemos responsables del camino que nos dejaron los que nos antecedieron. Somos gente agua cuando demostramos valor y dignidad para cuidar lo nuestro, nos toca ser guía y cuidadores de nuestra cultura.

           Es necesaria la actualización de la ética política de nuestras historias de origen, pues son la tierra donde podemos sembrar todo, a través de ellas nos adentramos a la diversidad de pensamientos e interpretaciones que nos permiten nombrar nuestro sentir y escudriñar elementos del / cómo de nuestro filosofar. Los tiempos son distintos y debemos reinterpretar nuestro origen sin perder su sentido, para que las deidades vigías, Xtóaya’ gàjmàá y Àkùùn júbà (Piel de agua y Corazón de cerro) sean el símbolo de resistencia y cuidado de la montaña de los Xàbekha y Xabíya.

 

Trabajos Citados

Carrasco Z. A. “Algunas anotaciones a la sociolingüística Mè’phàà.” González, G. F., Ed., De la oralidad a la palabra escrita. Estudios sobre el rescate de las voces originarias en el sur de México. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2012, pp.15-61.

1. En las historias de origen, la luna no tiene género, es mujer y hombre.

2. Cayetano Pacheco, Jorge Alberto. (2016) Entrevista en audio. Tres Lagunas, municipio de Zapotitlán Tablas, Guerrero.

3. Cayetano Pacheco, Jorge Alberto. (2016) Entrevista en audio. Tres Lagunas, municipio de Zapotitlán Tablas, Guerrero

Obra citada

Carrasco Z. A. “Algunas anotaciones a la sociolingüística Mè’phàà.” González, G. F., Ed., De la oralidad a la palabra escrita. Estudios sobre el rescate de las voces originarias en el sur de México. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2012, pp.15-61.

1. En las historias de origen, la luna no tiene género, es mujer y hombre.

2. Cayetano Pacheco, Jorge Alberto. (2016) Entrevista en audio. Tres Lagunas, municipio de Zapotitlán Tablas, Guerrero.

3. Cayetano Pacheco, Jorge Alberto. (2016) Entrevista en audio. Tres Lagunas, municipio de Zapotitlán Tablas, Guerrero

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